Vista desde el avión.  

Un mundo de culturas por descubrir

 A través del Atlántico: crónicas de un viaje

   

Alumnos del Belgrano Day School viajaron a Sudáfrica para competir en un torneo deportivo internacional. Allí convivieron con distintas realidades y pudieron apreciar las diferentes formas de vida.

Ocho horas duró el viaje. Se abrieron paso entre las nubes tormentosas, una hora de escala y nuevamente a volar. Comida rancia de avión, sin sabor. Al fin, el 10 de julio a las 12:30pm llegaron al aeropuerto de Johannesburgo. Pero eso no es todo: viaje en bus hasta Rustenburg, unas tres horas más. Cansados del viaje se adentraron en el colegio donde sus anfitriones los esperaban con los brazos abiertos. Así, una y otra vez, largos viajes y recibimientos cálidos, o no tanto. Cuatro casas en total, cada una envuelta en una historia diferente, en una cultura diferente.

El primer día en Sudáfrica fue intenso, lleno de movimiento. Al llegar a la casa de sus primeros anfitriones, desempacaron y cenaron junto a su “nueva familia temporaria” que los hospedaría durante los próximos dos días. Charlaron, se conocieron e intercambiaron opiniones. La discriminación allí presente fue notoria al instante. Racismo en cuanto a los negros. “Los negros sólo sirven para trabajar, están avergonzados de su color. El blanco es el poderoso en estas tierras”, fue uno de los tantos comentarios racistas que debieron escuchar varias veces durante su permanencia con los holandeses e ingleses.

Thaba Morula, un paraíso perdido.

Los días siguientes transcurrieron lentamente. Hubo partidos de volley, hockey, rugby. Algunos ganados, otros perdidos. Fueron hospedados en un “campo de aventuras” que, de esto, poco tenía. Cabañas para 7 personas con 12 cuchetas, frías y en pésimas condiciones. Comida escasa y grasosa. Actividades para chicos de 11 años. "Safaris" en los que sólo vieron búfalos. Simplemente, un lugar para no volver.

Racismo, drogas y ghetto.

Cuando fueron a las segundas casas, pertenecientes a familias de color, cálidas y amables, conocieron otra realidad del país: la droga. Lamentablemente, sus hijos, los anfitriones, eran adictos al alcohol y la droga. Convivieron también con otro tipo de racismo, el que se profesa hacia los blancos. Algunos no pudieron entrar a boliches ni bares por su color de piel. No era seguro andar por las calles. Muchas de las casas estaban situadas cerca del “ghetto” o incluso dentro. (Ver recuadro)

La playa y el zoo.

Los dos días que siguieron estuvieron hospedados en un complejo de cabañas cercano a la playa. El día libre fueron a almorzar a la costa. Disfrutaron del sol y del paisaje. Una espléndida montaña erguida sobre la arena y el mar. Un sol brillante y anaranjado iluminaba los cielos. Aire fresco, puro. Un lugar mágico, inimaginable.

Al día siguiente, recorrieron "Cheetah land", un zoológico de la

ciudad. Fue una buena experiencia educativa; los alumnos pudieron fotografiarse con cheetas. Almorzaron en la granja de avestruces y luego, algunos osados, las montaron. Durante la tarde, tuvieron partido nuevamente.

“Regateando”.

Nuevas casas de familia los hospedaron. Hubo una parrillada en el colegio anfitrión. Tuvieron partido nuevamente y disfrutaron del centro comercial. También hubo oportunidad de visitar ferias con gran cantidad de adornos de madera y demás manualidades. Se aprovechó esta oportunidad para hacer compras y poner en práctica el conocido método llamado “regatear”. Se trata de bajar el precio de los objetos en venta. A veces se tiene suerte y los vendedores aceptan, en otras ocasiones uno se debe conformar con el precio fijado. A su vez, la gente allí era mucho más amigable. Todos se saludaban y mostraban una gran sonrisa.

Últimos dias en Sudáfrica.

Últimos días en Sudáfrica. Las familias fueron muy acogedoras. Una vez más, partidos y parrillada en el colegio. Una de las pocas salidas nocturnas con los anfitriones a un bar. Diversión, frenesí. Se disfrutó mucho.

Ciudad del cabo.

Los siguientes tres días fueron los más relajantes del viaje. Ciudad del Cabo, al fin una gran urbe. Ferias, compras, Mc Donald's, cines, centros comerciales. Libertad, salidas organizadas por los mismos alumnos. Visitaron un fuerte y hubo un relato histórico de una zona por el profesor Robert Foot. Hubo un acercamiento entre todos los alumnos.

El regreso a casa.

Tras 18 días en tierra Sudafricana, llegó el momento del regreso a Argentina. Un día agitado, muchas cosas por hacer, mucha espera. Ansiedad por parte de todos. El reencuentro con sus familias, sus amigos, sus novios. Aún así, nadie quería irse, dejar aquel lugar lleno de nuevas experiencias, de otras realidades, algunas tan cercanas a nosotros como la pobreza; otras tan lejanas como el extremo odio racial mutuo entre las tres razas (blancos, mestizos y negros) que conviven en la hermosa Sudáfrica.

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Ghetto

Así lo define el diccionario: “Una sección de la ciudad ocupada por una minoría pobre que vive allí debido a presiones sociales, económicas, o legales (discriminación). Generalmente, estas personas suelen ser de la misma raza o religión.”

El ghetto de Sudáfrica era una parte de la ciudad en donde vivían negros. No era recomendable entrar allí siendo blanco dado que esa raza, por discriminación, ha sido forzada a formar esas comunidades y podría considerarse como una invasión a su territorio.

 

arriba

 
Chicas en Rustenburg. Cavernas.
Puente.
Thaba Morula, guitarreando.
Shopping.
Anfitrión de Thaba Morula, Hugo y Caro.
Playa cerca de la feria. Volley boys partido.
  Guía del zoo.   Volley girls.
Hockey partido.
Tigre blanco que hacía trucos con el guía.
Volley girls y sudafricanos.
Safari!
Cape point.
Cebras en el safari.
Cape point view.
Rinocerontes en el safari.
Avestruz.