Sobre “el buen decir”

15 mar 2006 Prometeo & Co. Clau Comentarios


En un editorial publicado por La Nación el domingo 12 de marzo, se hace referencia a la por cierto incansable labor del Presidente de la Academia Argentina de Letras, Dr. Pedro Luis Barcia, en relación con la defensa del buen uso del idioma y su riqueza intrínseca.

Dice el texto, en uno de sus párrafos: “Es lamentable apreciar de cuánto se hallan privados quienes se valen de las rudimentarias armas de un lenguaje básico. En esa situación se reduce la expresión del pensamiento y de la vida afectiva; también así se limitan los recursos para conocer el mundo, pues tanto la dimensión interna como la externa constituyen incógnitas que se van develando a medida que las palabras las revelan”.

El empobrecimiento del lenguaje es entonces también empobrecimiento del espíritu. Es pérdida de identidad y de “humanidad”, ya que “El lenguaje es (…) la obra del ser humano que lo distingue por excelencia”. Un ser humano con un lenguaje pobre es menos libre y ve el mundo y la vida con una paleta de colores muy limitada y sin matices. No hay espacio para la sutileza, la percepción refinada o la empatía, o inclusive para exteriorizar y por lo tanto acotar la humana contradicción de cada día. Parafraseando a Barcia una vez más podríamos decir que el lenguaje es tan necesario como la dentadura porque “con él masticamos y digerimos la realidad.”

En este marco, queda claro por qué la misión institucional del Belgrano Day School postula, junto con la aspiración a los valores más altos del espíritu: “Optimizar la comunicación entre todos los sectores de la comunidad / Promover el bilingüismo, profundizando y afianzando el dominio de las lenguas castellana e inglesa / y Alentar el pensamiento crítico, desarrollando la capacidad de elección y la aptitud para tomar decisiones”.
Defender la lengua es entonces defender nuestra identidad como individuos y miembros de una comunidad. Proteger el lenguaje de los más jóvenes y las normas del “buen decir” es otra forma de protegerlos a ellos mismos y de bregar por su futuro. Y eso también es defender la vida.

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